jueves, 21 de octubre de 2010

A mí también


Cuando tuve conciencia que soy homosexual, no lo quería ser

Mi primera imagen de un homosexual fue del estilista, del travesti, o el tipo que enseñaba a bailar a la quinceañera, yo no me identificaba con esas personas, añadamos la imagen del homosexual que nos presentaba la televisión, el de Juan Gabriel por ejemplo, un tipo si bien no se travestía si tenía un toque muy “delicado”, que no era femenino ni andrógino.

Llego un momento en que mi homosexualidad me molestaba y repudiaba todo lo que se le pareciera. Y más a los chicos afeminados, consideraba que afectaba a mi imagen a lo que yo consideraba malo, la homofobia ya estaba dentro de mí.


En el fondo de mi crecía una bomba que si no se desactivaba inevitablemente explotaría.

La información me ayudó a desactivarla, recuerdo que tenía una radio de baterías y subía a la azotea de la casa de mis padres a escuchar un programa de radio llamado Desnudo Total de la Dra. Anabel Ochoa, fue un escape.

Yo era ese perro verde del que hablaba la doctora, el diferente al otro como el otro es diferente a mí. El proceso de aceptación no es fácil ni rápido y más cuando las circunstancias no son favorables

Tal vez para algunos les es fácil entender su situación para no fue así. El proceso de reconocerme primero como persona valiosa lejos de mi orientación sexual, es el primer paso que di, aprendí que ser homosexual no significa ser afeminado o travestirse, son variantes de la sexualidad humana, es difícil entender que el otro no es yo.

Lo que en un principio suponía que un chico amanerado o travesti afectaba la imagen de lo que es ser gay, después me di cuenta que no, simplemente es diferente a mí.

Incluso ellos hacen más de lo que yo hago, son visibles en la sociedad, soportan insultos, discriminación violencia, sólo por ser ellos. También son discriminados dentro de la misma “comunidad gay”. La peor discriminación que hay es el de la comunidad gay.

Mi aceptación como ser humano con una orientación homosexual me han ayudado a demostrar por lo menos a mi familia y pocos amigos que ser gay, solo es ser uno mismo mostrando la sinceridad y que no hay nada especial o extraordinario y que tengo virtudes pero también malas decisiones y que puedo ser congruente con lo que soy y lo hago, y que se puede y ser feliz Les dejo



Les dejo una buena rola que el pasado siempre está presente con la oportunidad de cambiar

miércoles, 6 de octubre de 2010

Pirotecnia



Recién me entere que mi pueblo ganó el concurso para proveer de fuegos artificiales a los festejos del bicentenario del inicio de la guerra de independencia, sé que hay mucha controversia sobre estas festividades, afortunadamente lo que nos atañe en esta entrada es nada del bicentenario y mucho de la pirotecnia.

Existe una tradición centenaria entre mi pueblo, San Pedro de la Laguna y Santa María Tultepec, consiste en un intercambio de fuegos pirotécnicos.

Mis mejores recuerdos de estas festividades sucedieron cuando la compra de un CD era tan preciado, casi un tesoro, único, algo nuevo, cuando prestarlo sería como prestar tu ipod.

Serian como las diez de la mañana cuando el primer cohete se elevaba y se hacia escuchar en el cielo, el eco del estruendo llegaba a pueblos vecinos, era el momento en que las camionetas del vecino pueblo llegaban con las portadas pirotécnicas, las descargaban con mucho cuidado, las colocaban en fila, la mayordomía como buen anfitrión proporcionaba un ligero almuerzo, los artesanos daban los últimos ajustes a sus obras. Antes de partir a la parroquia llegaba el sacerdote y “ofrecía” una misa, una vez terminada la ceremonia, los artesanos llevaban con solemnidad al ciclista, a la pareja bailadora, al torero, al mariachi, a los novios y un sin fin de figuras, las más grandes se colocaban a los lados de la camionetas en donde el papel china los cubría, una vez que se llegaba a la pequeña explanada del pueblo se empezaba a crear el castillo que más bien es una cruz con varias barras en donde se colaban al bailarín o torero, y siempre en la punta un cohete espacial, como a las tres o cuatro de la tarde empezaba el espectáculo.

El inicio siempre es con la explosión de un cohete en cielo y detrás de el muchos que llamaban al inicio de la misa, ya afuera se preparaban porque una vez terminada la misa el estruendo de los cohetones no pararía, y los globos de papel empezaban a elevarse, globos de muchos colores, estar al lado de unos de ellos antes de que se elevaran podías sentir el calor que emanaba, y como poco a poco ejercía fuerza y los coheteros solo lo dejaban ir, no faltaba el que se incendiaba en los aires. Por un momento todo los cohetes o globos se dejaban de quemar para dar paso a la quema del castillo, los asistentes se colocaban enfrente pero con distancia, la expectación crecía cuando el coheterero prendía su cigarrillo y encendía la mecha esta explotaba aventando residuos de papel que la envolvía, lo primero que quemaban eran una ruedas impulsadas por cohetes que silbaban llamados silbatos, los cuales giraban dando una sensación hipnótica, acto seguido empezaban con el carnicero, o el torero que no eran otras cosas que títeres que se movían con el impulso de ruedas que en la circunferencia se le colocaban cohetes ejerciendo fuerza para mover a los títeres, era un espectáculo muy gracioso, podías ver al ciclista pedalear en el mismo lugar, ahora seria haciendo spinning, a los novios dando besos repetitivamente o al músico tocando su tambor tanto que explotaba o también al carnicero que de tanto mover su cazo explotaba lanzando un sin fin de pedacitos de papel china de muchos colores, antes que fuera lanzado el cohete que se encontraba en la parte superior del castillo, tenía una corona, la cual estaba cubierta por papel china y gracias la quema de la pólvora develaba un “bendícenos señor” o la imagen de la guadalupana.



Una vez que el cohete espacial llegaba hasta donde la gravedad le permitía y soltaba juguetes para que los niños lo persiguieran y pudieran disfrutar de su regalo, es cuando nuevamente el cielo se estremecía por los cohetones que disipaban el silencio del aire y pintaban el cielo con trocitos de papel china de colores, hacían lo mismo las bombas, los globos de papel se veían nuevamente en el cielo, esta parte del espectáculo me emocionaba mucho ver el cielo como pocas veces, los colores, el aroma de la pólvora quemada, los elotes hervidos, los algodones de azúcar, la rueda de la fortuna, todo me gustaba, no puedo negar que siento nostalgia mi niñez y adolescencia lo viví con estos espectáculos.

Quema de Fuegos artificiales a las 4 de la tarde no es algo que se vea muy a menudo, normalmente es en la noche, pero en mi pueblo se hace esta excepción.

Todavía se celebran estas festividades. Es la última fin de semana de Noviembre.

martes, 14 de septiembre de 2010

Día laborable *


Las cinco y media de la mañana.
Suena el despertador.
Me levanto, me quito el vestido, lo pongo sobre la almohada, me pongo el pijama, voy a la cocina, me meto en la bañera, cojo la toalla, me lavo la cara con ella, cojo el peine, me seco con él, cojo el cepillo de dientes, me peino con él, cojo la esponja de baño, me cepillo los dientes con ella. Luego voy al cuarto de baño, me como una rebanada de té y me bebo una taza de pan.
Me quito el reloj de pulsera y los anillos.
Me quito los zapatos.
Me dirijo a la escalera y abro la puerta del apartamento.
Cojo el ascensor del quinto piso hasta el primero.
Luego subo nueve peldaños y estoy en la calle.
En la tienda de ultramarinos me compro un periódico, luego camino hasta la parada de tranvía y me compro unos bollos, y al llegar al quiosco de periódicos me subo al tranvía.
Me bajo tres paradas antes de subir.
Le devuelvo el saludo al portero, que me saluda luego y piensa que otra vez es lunes y otra vez se ha acabado la semana.
Entro en la oficina, digo adiós, cuelgo mi chaqueta en el escritorio, me siento en el perchero y empiezo a trabajar.
Trabajo ocho horas. *



*Herta Müler




Cuando el tiempo te lleva a tomar decisiones, y para este tiempo de descanso.


miércoles, 4 de agosto de 2010

SB1070



Por cuestiones de trabajo tuve que viajar a Monterrey, esto ocurrió ya como hace ya 7 años, yo iba en la parte trasera del autobús con mis compañeros de trabajo, el trayecto no fue de lo mejor, más 8 horas sentado. Soy de faz mexicana digamos chacalona, pero atractivo (vanidad propia, autoestima), en el viaje tuvimos como 2 retenes por parte de del ejercito. En uno ellos, un sardo me miró con cara de “tú no eres de aquí”, si tal vez me veo como guatemalteco, salvadoreño, pero qué culpa tengo yo de ser así, el sardo me pregunto a donde iba, a Monterrey , respondí, y por qué iba para allá y si tenía una identificación. Encabrona este tipo de situaciones.


Si se que está mal que por mi apariencia me discriminen, hay que racista son los mexicanos, yo no tuve viajar a gringolandia para sufrir este tipo de discriminación.

miércoles, 23 de junio de 2010

Inventario






INVENTARIO
Martha Cerda

Mi vecino tenía un gato imaginario. Todas las mañanas lo sacaba a la calle, abría la puerta y le gritaba: "Anda, ve a hacer tus necesidades". El gato se paseaba imaginariamente por el jardín y al cabo de un rato regresaba a la casa, donde le esperaba un tazón de leche. Bebía imaginariamente el líquido, se lamía los bigotes, se relamía una mano y luego otra y se echaba a dormir en el tapete de la entrada. De vez en cuando perseguía un ratón o se subía a lo alto de un árbol.

Mi vecino se iba todo el día, pero cuando volvía a casa el gato ronroneaba y se le pegaba a las piernas imaginariamente. Mi vecino le acariciaba la cabeza y sonreía. El gato lo miraba con cierta ternura imaginaria y mi vecino se sentía acompañado. Me imagino que es negro (el gato), porque algunas personas se asustan cuando imaginan que lo ven pasar.

Una vez el gato se perdió y mi vecino estuvo una semana buscándolo; cuanto gato atropellado veía se imaginaba que era el suyo, hasta que imaginó que lo encontraba y todo volvió a ser como antes, por un tiempo, el suficiente para que mi vecino se imaginara que el gato lo había arañado. Lo castigó dejándolo sin leche. Yo me imaginaba al gato maullando de hambre. Entonces lo llamé: "minino, minino", y me imaginé que vino corriendo a mi casa. Desde ese día mi vecino no me habla, porque se imagina que yo me robé a su gato.


No sé por qué razón la muerte de Carlos Monsiváis me recordó este poema que escuche en un programa de radio ya muerto, te vamos a extrañar Carlos.